La psicología dice que los adultos que crecieron en las décadas de 1970 y 1980 poseen una fortaleza que sus propios hijos quizás nunca desarrollen: la capacidad de aceptar que les digan que no a algo que realmente deseaban y recuperarse de ello
- Este aprendizaje perdido afecta distintas áreas, desde la salud mental hasta la habilidad social.









