Cada año, 27 millones de toneladas de polvo del Sahara cruzan el océano Atlántico y se depositan en el Amazonas, aportando la misma cantidad de fósforo que la selva pierde y ayudando a su fertilización
- El polvo cruza 2.600 kilómetros de océano Atlántico y una parte de él cae sobre la selva amazónica, aportando el fósforo que las plantas necesitan para sobrevivir.









